domingo, julio 26, 2009

EL RINCÓN DE LA MAMADA






No hay nada que te parezca más violento que pedirle a la chica que te la chupe en un lugar abierto. Puedes tener la impresión de cometer una falta de delicadeza y colocarla en un compromiso. Pero, ojo, no siempre es así. A veces las mujeres se sienten poseídas por instintos que rozan lo peligroso y que incluso te acobardan.

Dos veces paseando por unas rocas junto al mar he visto la misma escena. Una pareja en pelotas, a cielo abierto pero sin que aparentemente nadie les viera (menos yo, claro está). Ella comienza a mirarle la polla, le acaricia primero la base de los cojones, luego va subiendo con dulzura mientras a él se le pone durísima pero al mismo tiempo mira hacia su alrededor con cierto pánico. Y ella, sin fijarse en nada más, se la agarra y comienza a chupársela sin importarle nada si alguien pasa por el camino. Ves como él hace un esfuerzo por concentrarse en el placer, pero sin olvidarse de que está expuesto a todas las miradas.

En mi caso, es curioso el aparcamiento que tengo detrás de casa. Da a la parte trasera de las otras viviendas y allí deja la gente sus coches y algunas cosas, como si fuera un trastero. Pero está abierto y todos los que pasan por la calle de encima te ven.

Pues bueno, tres mujeres distintas se han puesto allí como una moto. Una, morena y libidosa, me miró cuando estábamos sentados tomando el sol y me dijo con los dientes apretados: "te voy a comer". Y sin más, delante del posible vecindario, me baja la bragueta, se arrodilla y comienza a succionármela tan fuerte que el ruido a biberón gigante se oía por todos sitios. Yo sentía su mano apoyada en mi pecho y miraba al cielo sin poder decidirme entre el placer o la alarma.

Con otra mujer, exactamente en el mismo sitio, comenzó a besarme y a meterme la mano por el pantalón. "Hmmm. ¿qué tienes aquí?" ¡Y delante de los coches aparcados de los vecinos me los bajó para chupármela mientras yo estaba de pie, ¡totalmente azorado!
Creo que me vieron porque escuché unos silbidos a lo lejos. Pero a ella no le importó en lo más mínimo. Siguió con los ojos cerrados mientras yo me sentía casi ridículo.

La otra mujer, rubia y delicada, muy formal, nunca decía palabrotas y trabajaba en una ONG. Pero cuando llegamos al aparcamiento se transformó en una especie de mujer pantera sin mediar palabra. Abrió la puerta de mi coche, me hizo tumbarme en los asientos, y comenzó a hacerme una paja con intervalos de chupada, que me hizo eyacular en el techo pasando mucha vergüenza. Aún están las manchas.

¿Qué tendrá ese sitio? ¿Por qué todas se ponen cachondas en el aparcamiento? ¿Será precisamente por qué hay riesgo evidente de que las vean?

¿Por qué a veces las mujeres se activan en los sitios más inesperados?

A veces intentas hacer algo excitante y te sientes grosero porque la mujer te mira como si te quisiera fulminar. Pero en otras ocasiones los instintos femeninos resultan misteriosos y devoradores. Jamás creo que pueda entenderlos.

3 comentarios:

Abriéndome dijo...

¿Y tú, por qué vas al aparcamiento?

La niña mala dijo...

Pues es lo que tiene ser tía, que ni tú misma sabes como vas a reaccionar incluso ante la misma situación.

También es cierto que hay tíos que nos ponen como motos, o lugares que nos ponen como motos, o días que nos ponen...eso. Ni nosotras mismas sabemos por qué.

Eso sí, cuando ese momento llega, es delicioso dejarse llevar, ains.

elnenecabron dijo...

Y verdaderamente quien entiende a las mujeres

Besos y abrazos