viernes, noviembre 03, 2006

LA CONCHA

Sé que en algunos paises de Latinoamérica se emplea la palabra concha para designar el sexo femenino. Pero antes de ser consciente, yo ya empleaba la analogía. Esta mañana al salir a la cescalera olía a recién pintada, porque la están arreglando. Pero no era el típico olor acre a pintura de plástico. Primero me recordó al caramelo.
Pero enseguida me evocó esos perfumes que se ponen en las compresas femeninas o que emplean algunos productos para la vagina. Una mezcla de frambuesa y aroma orgánico. Dulzón, muy perfumado, sexual aunque disfrazado.

Me recordó que durante una época viajaba mucho y la echaba de menos. Lo que hice fue coger una concha en la playa. Habitualmente, antes de dormir le llevaba la cena a la cama. Ella estaba recién duchada, viendo la tele. Y cuando ella ya terminaba de cenar, me metía por debajo de las sábanas, le bajaba las braguitas, y abría su sexo como una fruta. Recién duchada, con ese olor a piel y rincón secreto. Empezaba a lamerlo hasta que ella se corría lentamente y sin hacer mucho ruido. Entonces se quedaba dormida y yo veía la tele.

Pues bien, un día mientras le lamía el clítoris y los labios interiores, puse sin que se diera cuenta la concha encima de su monte de venus, tocando su pubis. Y luego lo llevaba durante todos mis viajes en el bolsillo.

Lo sacaba, lo olía. Era como llevar su sexo siempre conmigo.

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