miércoles, abril 11, 2012

MIS CHUPADAS: LUCILA (Y3)




Mi despedida de Lucila fue agridulce. Después de aquel polvo salvaje quedamos unos días después. Fuimos de excursión, aunque ella no había dormido en toda la noche. Cogimos un camino de Ronda, desde el cual se contemplaba toda la costa. Como era un día laborable, no había nadie. El paisaje era precioso, parecía un cuadro con los árboles, el mar color estaño, el cielo lleno de nubes.

Lucila llevaba una gorrita y un pantalón de esos de granjero, con tirantes. Seguía tan vergonzosa como siempre, caminábamos y ella miraba al suelo. Llegamos a una torre medieval que vigilaba la costa, subimos hasta lo más alto. La visión era grandiosa.
Ella estaba medio dormida. Yo la besé y ella se recostó en mi pecho. Yo respiré hondo mirando aquella vista. Y entonces ella llevó la mano a mi bragueta, la bajó, me abrió un poco los pantalones. Luego sacó mi polla y me miró con aquellos ojos húmedos y un poco vacunos que tenía.

Creo que fue uno de los momentos estelares de mi vida. Allá arriba, con aquella vista majestuosa, inmensa, ella empezó a chupármela muy despacito, suavemente. Notaba sólo la humedad de su boca y el roce finísimo de sus labios. Escuchaba el ruido de la succión mezclado con el viento y el rumor de los pinos.

Ah, me recosté y pensé que era como vivir un sueño. Porque aquella chupada tan dulce duró muchísimo, se me hizo eterna. Luego, se la sacó de la boca y empezó a darme lametones más fuertes en el frenillo, mientras me bajaba rítmicamente la piel.

Tuve una corrida digna de una ópera de Verdi. Me quedé medio atontado, apoyado en la pared de la torre. Mientras ella me sacaba del bolsillo un kleenex y me limpiaba el vientre. Luego se apoyó sobre mi polla y se quedó dormida.

¡Dulce Lucila! Tuvimos que despedirnos poco después. Ella regresaba a su país. Quedamos en un bar y los dos suspirábamos de angustia, sin saber qué decirnos. Finalmente llegó la hora de despedirnos, y la recuerdo a bordo de un panda negro y viejo, agitando la mano por la ventanilla.

Nunca más volví a saber de ella.

11 comentarios:

belkis dijo...

Creo que Lucilda parecía recatada y vergonzosa, pero vamos, nada más lejos de la realidad, a juzgar por tus palabras...y tus corridas!
Si es que hay mamadas y personas que no se olvidan nunca.
De todos modos, el mundo está lleno de Lucildas!

Clip dijo...

Es curioso ...hay veces que nos acordamos de las cosas que no nos parecen importantes

Un saludo !!

erotisimas dijo...

Un bonito relato. Muy sensual.

j dijo...

¡Todo tu crédito por un libro! ¿Cómo es posible que un amante tan sensible y un escritor tan fino recomiende en el ángulo superior de su blog un libro tan primario y pueblerino? Menos mal que me lo bajé en pdf (1€) y no en papel (17€) porque si no, te busco por la bloggosfera para darte tu merecido. Y lo peor de todo es que, investigando un poco en la red descubro que el tal Benjamín Amo es un tipo de verdad que hasta da entrevistas a la tele de su pueblo para promocionar el libro. Ay querido blogger, ¿estás seguro de haberlo leído? Míratelo...

Criss dijo...

Me encanta este blog. Es una pena que lo acabe de descubrir y que, como parece, ya no siga en activo.

Me encantaría encontrarme con su autor...

Un saludo

limoncello dijo...

he visto tus comentarios en mi blog...un beso y otro....sigue escribiendo por favor..tus historias eróticas tienen certezas...limoncello

Real Fenix dijo...

nada mejor que una mamada al aire libre y con buena vista....buen relato...saludos

Jose - fotos eroticas dijo...

Tienes suerte

Las chicas que te encuentran parecen saber como chuparla bien, yo no tengo tanta suerte...

Una vez si conocía a una chica, lo hacía genial, como ninguna que haya conocido.

Pero, como la protagonista de tu relato, "nunca mas volví a saber de ella"

Saludos

AMO SINIESTRO dijo...

Interesante. Saludos.

Paula B dijo...

Hola soy Paula, te invito a que visites los relatos sobre mi sexualidad, besitos!

http://historiadesexualidad.blogspot.com.ar/


Paula B

Anónimo dijo...

Genial, en verdad he leído varios relatos y todos me han gustado mucho, pero me has dejado algo atontada.