domingo, febrero 26, 2012

MIS CABALGADAS: OFIDIA





Ni los buenos ganan siempre, ni los malos son feos, ni los primeros polvos son siempre salvajes. Las películas nos han intoxicado con muchos tópicos, y los blogs eróticos los recogen mayormente y sin crítica. No paro de leer blogs donde el primer revolcón entre semi-desconocidos es explosivo, memorable, furioso. Tópico y peliculero.

Mi experiencia, y la de gente que conozco lo suficiente como para hablar de estas cosas, lo desmiente. Salvo en una ocasión, todos mis primeros polvos han sido cuando menos tanteantes, incompletos y raros. Cuando no desastrosos (pronto contaré uno de ellos).

Llevaba un tiempo detrás de Ofidia. Es joven, rubia y muy guapa. Un poco arrogante y correosa, pero al mismo tiempo sincera y desenvuelta. De entrada, su fuerte seguridad da un poco de miedo. Pero tuve tiempo de estudiarla e ir tanteando. Toda una tarde en un sofá. Descubrí con sorpresa que de repente cambiaba de aspecto. A veces parecía una serpiente, con unos ojos zarcos verdosos muy intensos. Te miraba atravesándote, y los rasgos se le perfilaban. Pero en otras, se convertía en una niña holandesa. Se tocaba el pelo, reía, era infantil y vulnerable. Incluso su cara parecía otra.

Al ver que se llevaba tanto la mano al pelo pensé que era una pista. Y a la que pude, se lo empecé a acariciar. Ella se dejó enseguida, y seguí por la cara, las manos, la espalda... Al poco estábamos en la cama. Desnuda estaba magnífica, con unos pechitos muy agradables, la espalda larga y con pecas y un culo de lujo: pequeño, apretado y redondito, prieto, como un bizcocho.

Llegar allí ya supuso una heroicidad. Pero cuando empecé a follarla, la niña holandesa desapareció y volvió la serpiente. Se enroscaba, hacía unos malabarismos complicadísimos. Me metía la lengua en la boca mientras la movía como una culebra. Parecía recitar cosas ininteligibles que no sabía si eran de dolor o de placer. No podía entender nada.

Yo seguía penetrándola. Por delante veía sus ojos luminosos clavándose en mí como colmillos. Por detrás, me extasiaba la visión de su culito. La espalda, el pelo rubio cayendo en cascada.

Estuvimos gran parte de la noche follando. Pero soy incapaz de pronunciar ni un solo juicio. No tengo ni idea si le gustó, si se aburrió, si se sintió bien o mal. Porque una vez convertida en serpiente, no podía entender nada de lo que hacía. Al final suspiró varias veces y dejó de moverse.

Nos separamos cariñosamente con besitos. No sé si volveré a verla. Me gustaría, porque aquel polvo fue como un crucigrama de esos tan complicados que no consigues acabar.

3 comentarios:

belkis dijo...

Me gustaría tener muchas experiencias de polvos con conocidos o semi-conocidos para darte la razón o rebatírtela pero...no es el caso.
Sí que creo que a veces un primer polvo con alguien no es suficiente y no siempre ha de ser el mejor.
Ojalá vuelvas a ver a Ofidia. Si no es así...llámame y tratemos el tema con conocimiento de causa ;) Saludos.

Annie Haal dijo...

Tienes toda la razón respecto a la pátina épica y gloriosa con la que todo el mundo reviste sus relatos por aquí... aunque me temo que la gente suele contar lo que le gustaría que le pasara, y no sus vivencias reales...lo que explica todo.
Hay muchas serpientes pululando por la vida, y de ambos sexos. Yo nunca he dado con uno de estos seres como pareja sexual...pero me temo que es más bien porque me cuesta acercarme a la gente así, me suelen provocar cierto rechazo.
Respecto a los primeros encuentros sexuales... pues hay de todo en la viña del señor, supongo, pero está claro que cuando aumenta la confianza se incrementa también la satisfacción.
Beso!

B Sides dijo...

Mi opinión es que generalmente la primera vez con alguien es muy potente por ser la primera vez. La novedad de tocar una piel nueva, compartir esa intimidad, mostrarle tu lado sexual, la pasión...

Pero si hablamos de "calidad", pienso que es mejor cuanto más te conocen y conoces. La confianza da asco, pero a veces también es un placer...